2. Sal y Luz.

Con 1. La escalera de las bienaventuranzas arrancamos bien, pero ahora le pondremos Sal, Luz y Ley a este análisis.

El creyente es sal y también Luz.

En Mateo 5:13-16 Jesús les dice a sus discípulos que ellos son la sal de la tierra y la luz del mundo, y la sal, todos sabemos, sirve para dar sabor, pero la sal también, sobretodo en esos tiempos, servía para preservar los alimentos; de modo que si la sal no sala, pierde su utilidad. Y todos sabemos la importancia de la luz. Sin la luz no podemos ver claramente las cosas, así las tengamos en frente. Y si la luz ilumina poco, sirve poco; o si la luz viene, alumbra y luego se va muy pronto, la oscuridad regresa.

¿Por qué los discípulos de Jesús deben ser la sal? La sal, es la palabra de Dios, y en este caso, también los mensajeros, que son quienes la pueden transmitir en forma inteligente, aplicándola según la situación en que se requiera. ¿Y quiénes mejores que los que oyeron de primera mano las enseñanzas de Jesús y le pidieron explicaciones sobre ellas y fueron entrenados por el mismo Señor?, o en nuestro tiempo, ¿quienes mejores que aquellos que han dedicado años al estudio y práctica de las Escrituras, experimentando en su propia vida sus resultados?

Las palabras de Cristo son también lo que da luz al mundo, la luz es esa enseñanza exquisita y sin adulterar que proviene directamente de Dios y es promulgada y que es explicadapor Jesús a sus discípulos aquí en la tierra, durante 3 años aproximadamente. Por eso sus discípulos, al ser sus receptores más idóneos, son luz también para el mundo, al igual que todos aquellos que en nuestro tiempo se han formado, durante años, en dichas enseñanzas.

Llamados por Cristo

Pero Jesús, a todo aquel que ha recibido su sal y su luz, lo llama y capacita para dejar la timidez, si es que la tiene. La sabiduría que Dios da, aprovecha inicialmente al que la recibe, claro, pero con ella también el que recibe sus enseñanzas, también entrega una misión: expandirla. Son la sal y la luz del mundo, no pueden permanecer escondidos porque o si no, se pierde su objetivo inicial.

¿pero si la persona creyente es tímida, que hace? No la está llamando a predicar en el púlpito, pero sí la llama a compartir sus creencias con los que la rodean; y si lo pensamos, es algo que hacemos naturalmente. Pero la timidez proviene de la inseguridad, y ésta, muchas veces se da por falta de conocimiento, y este es la luz que se recibe de Cristo, y cuando se comparte, se convierte en sal y luz también para los creyentes, y los llevará a la salvación. ¿Cómo no compartir semejante tesoro?

Que debamos ser diligentes no es algo que se diga solo aquí, también en Mateo 28:19-20, en Hechos 1:8, en Romanos 10:14-15, en 1 Pedro 2:9 y más. También la parábola de los talentos es un ejemplo de ello: Mateo 25:14-30, Lucas 19:11-27. Aquí los talentos y las minas simbolizan los recursos (sal y luz) que Dios nos ha dado, también los dones y responsabilidades.

Más importante aún, la «confesión de Cristo» forma una parte fundamental de la salvación; vea Romanos 10:9-10. No vamos a tocar este tema aquí, pues lo abordamos suficientemente en la serie de: «El Evangelio», que se convierte en la luz más brillante y verdadera sal para el mundo. De modo que la fe interna, exige una proclamación externa. No lo dudes: si eres de Cristo, estás llamado a ser sal y luz de este mundo.

¿Recibes toda la sal y la luz de inmediato?

No. Las Escrituras nos enseñan que es algo que se va adquiriendo a través de nuestra vida cristiana, guiados por el Espíritu Santo. Vea los siguientes pasajes bíblicos: Proverbios 4:8, Gálatas 5:22-23. Para que un árbol de fruto, primero se siembra la semilla, nace, crece, se desarrolla, se convierte en árbol y luego da fruto; es un proceso. La santificación se da a lo largo de la vida del creyente, hasta el día de Jesucristo: Filipenses 1:6.

A medida que crees, oras, te mantienes en comunión con Dios y vas poniendo en práctica lo que se te ha revalado; algunas cosas cambian de inmediato; otras no, requieren tiempo para que te convenzas. En muchas ocasiones las pruebas por las que pasas, te enseñarán; en todo caso el Espíritu Santo estará guiando tus pasos, vea el siguiente verso: Romanos 8:28.

Esa comunión continua con Cristo (orar, escudriñar las Escrituras, poner en práctica), es lo que te va a llevar a la verdad: Juan 8:31-32, 34, 36. Y como lo dice Jesucristo, esa verdad es la que nos hará libres. No es algo coercitivo, no son mandamientos, es una convicción que va llenando tu alma y te dará la fuerza necesaria para vencer lo que tengas que vencer. Por eso es necesario permanecer en su palabra, no hay otra forma de salir vencedores sobre el pecado. Es un trabajo de Dios sobre el creyente.

¿En qué consiste esta sal y luz de la que estamos hablando? Lo veremos en nuestra próxima publicación, controvertida por algunos: 3. Cristo vino a cumplir la ley.

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