Esta es una enseñanza controvertida para muchos cristianos, pero es central en el Evangelio. Jesús es muy claro cuando dice que no vino a abrogar la ley, sino a cumplirla. Vea Mateo 5:17-20.
¿Significa esto que la salvación no es por fe y volvemos al legalismo? No, de ningún modo, pero es indudable el énfasis y la defensa que Jesús hace sobre la Ley que nos fue dada en el A.T.; para Dios la Ley es preciosa. ¿Entonces Pablo está en contraposición a Dios cuando dice que ya no estamos bajo la ley? Tampoco. Vamos a explicarlo a continuación.
El cumplimiento de la Ley.
Jesús no vino a invalidar la ley (como si fuera defectuosa), sino a darle pleno cumplimiento y pleno entendimiento, como veremos más adelante. Podemos dividir las leyes promulgadas en el A.T. en tres categorías:
- Leyes morales. Son los principios eternos sobre el bien y el mal que reflejan en carácter de Dios, como Los 10 mandamientos. Estas siguen vigentes.
- Leyes ceremoniales. Relativas al culto en Israel, tabernáculo, templo, sacrificio de animales, pureza ritual, festividades y leyes alimentarias. Fueron cumplidas en Cristo; eran sombras o tipos que apuntaban al sacrificio perfecto de Cristo, ofrecido una vez y para siempre.
- Leyes civiles o judiciales. Fueron dadas por Dios para gobernar al estado teocrático del Israel de aquel tiempo. Expiraron al dejar Israel de ser una teocracia y exparcirse por el mundo. Esas leyes ya no aplican como código penal o civil, pero sus principios de justicia y equidad siguen sirviendo como guía moral y legislativa.
Las leyes morales, las ceremoniales (cumplidas totalmente por Cristo) y el espíritu de las leyes civiles o judiciales, siguen vigentes en nuestro tiempo y son fundamentales para Dios. Su incumplimiento es lo que se ha definido como pecado. A dicho pecado nos referimos más explícitamente en nuestra primera publicación de la serie «El Evangelio»: «¿Por qué el pecado no es solo un asunto de Iglesia?»., por lo que no lo trataremos aquí extensamente.
Dios aborrece el pecado.
Solo haremos énfasis en que Dios aborrece la maldad y al que la comete. Vea los siguientes versículos en el Antigüo Testamento: Salmo 5:4-5, Salmo 11:5, o más poéticamente Proverbios 6:16-19, Habacuc 1:13. Y estos en el Nuevo Testamento: Hebreos 1:9, Romanos 1:18, Efesios 5:5-6, Colosenses 3:5-6, Lucas 16:15, Tito 1:16, Apocalipsis 2:6, entre otros.
Ese aborrecimiento de Dios al que comete maldad no ha cambiado, forma parte del carácter de Dios, nuestro Dios es un Dios justo y lo sigue siendo aún después de que hemos sido salvos, por lo tanto seguirá aborreciendo al que comete iniquidad. ¿cómo entonces es que llegamos a ser salvos si nosotros somos pecadores? Ese tema lo tratamos en nuestra publicación de: «El Evangelio».
Pero aquí nos concentramos en que Jesús no solo defendió la ley, sino que le dió su pleno significado, como veremos a continuación.
No matarás.
Mateo 5:21-26. Aquí, y en todos los demás mandamientos que toca, lleva al creyente a atacar la causa raiz del pecado, el pensamiento. Matar es pecado, pero también lo es enfurecerse, insultar y condenar. Nos está mandando a no dar rienda suelta a la ira; hemos de controlarla; y eso implica trabajar en nuestro interior, con mucha comunión con Dios.
No adulterarás.
Mateo 5:27-30. Nuevamente va a la causa raiz. Si tan solo le damos rienda suelta a la codicia sexual en nuestro pensamiento, ya hemos adulterado en nuestro corazón. Tal vez una gran consecuencia de este pecado esté en conexión con el anterior, pero debes tomar control sobre tu corazón. Necesitamos un cambio interior, y ese cambio lo tendremos solo en comunión con el Espíritu Santo.
¿Divorcio? Solo por fornicación.
Mateo 5:31-32. Para Dios, la separación puede provocar adulterio posterior en cualquiera de los cónyuges y responsabilidad mutua (si la separación no fue por fornicación). Mateo 19:6, Marcos 10:9. Por otra parte Pablo nos enseña que no estamos obligados a permanecer en matrimonio con quien no quiere: 1 Corintios 7:15.
No jurarás.
A propósito del divorcio, el matrimonio vino con juramento, y el divorcio implica perjurio. Mateo 5:33-37. Su mandato es claro: deja de ser mentiroso, pues procede del diablo (ver también Juan 8:44). Más bien, adquiere fama de que tu «sí» significa sí, y tu «no» significa no.
¿Entonces cómo tomo venganza?
Mateo 5:38-42 habla de ello. No tomes tú la venganza; déjasela al Señor. El pasaje nos dice que no respondamos con violencia ante una injuria o daño, pero sugiere proceder activamente ante ellos. En lugar de reaccionar con violencia, haz evidente ante todos, que el comportamiento del atacante es injusto y abusivo.
En la antigüedad, golpear en la mejilla derecha con el revés de la mano era una humillación reservada para los esclavos. Poner la otra mejilla, no solo muestra valentía, sino que expone ante todos que el atacante es su igual. Observa el comportamiento del Maestro cuando fue abofeteado en Juan 18:22-23.
Al avaro que lleva a juicio a un deudor para desposeerlo de la túnica, Jesús le dice: déjale también la capa. Con eso, el deudor queda desnudo, lo cuál avergüenza al público y expone la avaricia de quien lo llevó a juicio.
Por otro lado, un soldado tenía la potestad de obligar a cuaquiera a cargar su equipo durante una milla, pero si se excedía de esa distancia, podía ser severamente castigado.
(Nota: Esta lectura de la bofetada, la túnica y la segunda milla sintetiza el trabajo del teólogo Walter Wink sobre el contexto cultural del primer siglo y la no violencia activa de Jesús).
Amad a vuestros enemigos.
Mat 5:43-48 aparentemente representa un cambio de paradigma total, pero ya estaba presente en Exodo 23:4-5 y Proverbios 25:21-22; también lo confirma Romanos 12:20. Jesús eleva este estándar al fundamento supremo: la gracia de Dios, quien hace salir su sol sobre malos y buenos, . Amparar al enemigo no es solo una estrategia social, sino la manifestación visible de que se es verdadero hijo del Padre celestial.
No seas hipócrita en el dar, ni en la oración, ni en el ayuno.
Mateo 6:1-18 denuncia que el objetivo real de los que así actuaban, principalmente escribas y fariseos, era buscar la honra por parte de los hombres, en lugar de buscarla por parte de Dios (tema tratado en «Tesoros en el Cielo»).
Esto mismo aplica en el día de hoy, pues son habituales los lobos vestidos de ovejas, simulando ser profetas de Dios, haciendo alarde, en muchos casos, de sus largas sesiones de oración, cuando Jesús mismo en este pasaje nos enseña que no seremos oídos por la palabrería, porque nuestro Padre sabe de qué cosas tenemos necesidad antes de que le pidamos.
¿Cómo debemos orar, entonces?
Se libre, pero ante todo, santifica el nombre de Dios, y pide que sea santificado; es decir, que su nombre sea tenido en cuenta como lo más santo, sagrado y digno de honor por parte de toda la humanidad.
Pídele que venga su reino; es decir que ojalá en la tierra se haga su voluntad, como sí se hace en el cielo. Eso traería no solo justicia en esta tierra, sino también paz, prosperidad para todos y alegría para todos.
Pídele que nos de hoy nuestro pan de cada día. ¿Cuál principio se aplica aquí? El de poner nuestra confianza en la provisión de Dios, en que no nos desamparará, así como no desamparó a los Israelitas luego de su salida de Egypto durante 40 años.
Y como continuamente lo ofendemos con nuestros pecados, pues pidámosle perdón por ello continuamente.
También pide que no nos deje caer en tentación. Queremos llegar a ser como Dios quiere que seamos.
Y claro, en cualquier situación, que nos libre del mal.
No solo son temáticas generales, son cosas que necesitamos todos los días.





