1. La escalera de las Bienaventuranzas.

Con bienaventuranzas empieza el Sermón del monte -puedes consultar el pasaje completo en Mateo 5:2-12 en Bible Gateway (abre en una nueva pestaña)-, dando una perspectiva divina que se contrapone a la del ser humano. Sin embargo, no se trata solo del punto de vista, sino de una guía práctica para no perdernos en la cotidianidad. Hay bendiciones para los que se ocupan de obedecer esta palabra que, como veremos, más que una simple lista, funciona como la escalera de las bienaventuranzas para el creyente.

Veamos cada escalón:

1. Los pobres en espíritu.

¿Quienes son? Son aquellos que, independientemente de si carecen de recursos o los poseen en abundancia, han comprendido que de nada les sirven, y reconocen en su interior que no son autosuficientes.

Han contemplado el mundo, la creación y el mantenimiento de la vida, reconociendo no solo subelleza, sino la mente sabia tras de ella, ante lo cual perciben su propia pequeñez.

Han reconocido la realidad de Dios, Su infinito poder y/o han constatado que no pueden solventar sus problemas solos, necesitan de Él, de su ayuda, de su poder.

Al quedar maravillados por Su majestad, surge en ellos el deseo de conocerle más: saber cómo se ha revelado, cuáles son Sus propósitos y cómo pueden acercarse a Él. Al reconocer la justicia divina en contraste con la fragilidad humana, se humillan ante la realidad celestial.

¿y qué ocurre con ellos? Que de los que son como ellos, es el reino de los cielos. Es la primera de las bienaventuranzas, pero la humildad es la puerta de entrada al cielo; sin ella, es imposible avanzar.

2. Los que lloran.

No se refiere a un llanto superficial o emocional. Está conectado con el escalón anterior, se refiere a quienes, coscientes de su pequeñez, han intentado seguir a Dios con sus propias fuerzas y han fallado.

Aplica también a aquellos que han sido golpeados por las pruebas de la vida, se encuentran sin fuerzas y acuden al Creador; o a quienes, al dolerse por sus faltas, experimentan la tristeza que produce un genuino arrepentimiento.

Ellos serán consolados. Esto confirma que Dios está pendiente de ellos, no los ha olvidado y que su esperanza permanece viva. La segunda de las bienaventuranzas es un bálsamo para el creyente.

3. Los mansos.

Para alcanzar la mansedumbre, el creyente ha debido transitar los pasos previos: reconocer su pobreza espiritual y llorar con arrepentimiento por su condición.

Es la persona que ha comprendido que todos compartimos la misma vulnerabilidad. Al ver la fragilidad propia y ajena, transforma su visión de la venganza: ¿Qué sentido tiene atacar a quien le ofende, si esa persona batalla en sus propias miserias e ignorancia espiritual?

Bueno, ellos heredarán la tierra. No será de los más fuertes, sino de los que han aprendido a someter su carácter al Señor. ¿Cómo te van pareciendo las primeras bienaventuranzas?

4. Los que tienen hambre y sed de justicia.

Habiendo pasado el trayecto anterior, estos creyentes anhelan vivir conforme a la voluntad de Dios. Se esfuerzan, tropiezan, lloran, oran y vuelven a levantarse; experimentan una transformación progresiva. Escudriñan las Escrituras, mantienen comunión con Dios y claman por la fuerza necesaria para vencer sus debilidades.

La buena noticia es que ellos serán saciados. Llegarán a cumplir sus sueños de santidad y perfeccionamiento en Cristo. De las bienaventuranzas, ésta empieza a definir mejor al creyente verdadero.

5. Los misericordiosos

La misericordia consiste en extender una gracia inmerecida. Al reflexionar en sus propias luchas y el perdón recibido, no queda más que actuar con compasión hacia los demás.

Esta compasión se dirige tanto a los hermanos en al fe que recorren el mismo camino, como a quienes aún no han abierto sus ojos a la verdad y camina a la deriva.

Implica compadecerse de los que sufren injusticias y también de los que las cometen, entendiendo que actúan en ceguera espiritual. No se han percatado que en esta vida tienen la única oportunidad para moldear su futuro eterno.

Ellos alcanzarán misericordia. En el tribunal divino, serán tratados con misericordia de parte de Dios, que es lo que realmente importa. Las bienaventuranzas no se pueden finjir, nacen naturalmente del corazón del creyente.

6. Los de limpio corazón.

Ah, este peldaño representa un nivel maduro en el caminar cristiano. Aunque desde el principio del camino estamos siendo limpiados por el Espíritu Santo. La mayoría de los verdaderos creyentes, ni siquiera alcanzarán este estado por completo.

Y aquí hay algo precioso. Como hemos pasado de muerte a vida en el transcurso de nuestras vidas, y todos los creyentes estaremos al final en presencia de Dios, eso implica que aunque en esta vida no alcancemos la perfección absoluta, al momento de la glorificación final seremos totalmente transformados por el Espíritu Santo para entrar en la presencia del Señor.

¿Por qué? Porque ellos verán a Dios. Sin la santidad que Él produce en el creyente, nadie podrá contemplar el rostro de Dios. De las bienaventuranzas, ésta es crítica, pero la hará el Espíritu Santo en ti.

7. Los que procuran la paz.

¿Hay que ser un político gestor de paz para lograrlo? No. Se trata de algo más cotidiano en nuestras vidas. Proviene de un corazón transformado donde el amor de Cristo gobierna las acciones. Es actuar en forma natural con reconciliación y misericordia hacia el prójimo, con amor, tal como hicieron los apóstoles y creyentes a lo largo de la historia.

Esto es maravilloso: Ellos serán llamados «hijos de Dios», pues reflejan el carácter mismo de su Padre Celestial. Todas las bienaventuranzas implican cambio, pero en ésta empieza un compromiso más serio.

8. Los que padecen persecución por causa de la justicia.

Estos son activistas en todo el sentido de la palabra. Son todos aquellos que ayudan a expandir el reino de Dios, asumiendo riesgos porque reconocen la necesidad espiritual de quienes les rodean.

De ellos, de los que tienen esa clase de compromiso, también es el reino de los cielos. A medida que se sube en la escalera de las bienaventuranzas, el compromiso es mayor, pero recuerda, no es finjido, sale naturalmente.

9. Los que son insultados, perseguidos e injuriados por causa de Cristo.

Los anteriores son perseguidos, pero estos son totalmente reconocidos por todos, por lo que son insultados, perseguidos e injuriados por sus enemigos. Son apologistas, testigos a los que no les tiembla el pulso y están dispuestos a arriesgar su reputación o sus vidas por proclamar la verdad públicamente. Son aquellos que por su comportamiento se hacen más visibles.

No es un «sufra con gallardía y coraje», no. Es un «Alegraos y gozaos, pues vuestro galardón es grande en los cielos». De las bienaventuranzas nos parece la más difícil, pero a «mayor dificultad», el premio es mayor.

Todas estas son bienaventuranzas, que como puedes ver, más que una guía desordenada, forman una escalera a la santidad.

Seguimos analizando el Sermón del monte en 2. Sal y Luz.

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