1. ¿Por qué el pecado no es solo un asunto de iglesia?

En realidad, el pecado afecta a cada individuo y a la comunidad en general. Permea la sociedad y la puede convertir, si no se controla, en una agrupación malsana, con fallas estructurales donde se vuelve difícil alcanzar el pleno desarrollo del ser.


Es un asunto de Dios solo porque Él es nuestro diseñador, sabe lo que no nos conviene y a eso lo etiqueta como pecado.

¿Qué es el pecado?

Nos hemos concentrado en el hecho de que el pecado ofende a Dios y tratamos de dejar de pecar para agradarle, pero en ese camino olvidamos que, en realidad, el pecado, es nuestro enemigo.

Diríamos, entonces, que pecado es todo aquello que va en contra de los valores morales de nuestra humanidad y que, por ende, nos perjudica, tanto al individuo como a la sociedad en general. No, definitivamente el pecado no es solamente un asunto de iglesia.

Aterricémoslo un poco.

El pecado hace daño a las personas y hace daño a la sociedad. No es algo inocuo, es dañino.

  • Robo: No solo despoja a alguien de un bien, sino que genera una percepción de inseguridad en el barrio y motiva a otros a seguir dicha conducta.
  • Adulterio: Traiciona al cónyuge y al núcleo familiar, erosionando progresivamente los valores y causando un detrimento social.
  • Narcotráfico y mafias: Van más allá del negocio ilícito al dañar directamente la salud de las personas y destruir el futuro de los jóvenes.

No hemos tocado aún la parte espiritual del ser humano, solo los daños causados al individuo y a la sociedad. Nos afecta, claro que sí. No es una cosa de la religión, es algo que nos perjudica enormemente si lo dejamos progresar.

La parte espiritual

Si el pecado es algo que perjudica grandemente al ser humano y a la comunidad, es lógico que Dios, que es justo, nos advirtiera sobre él y estableciera reglas de comportamiento al pueblo que adoptó como suyo: el pueblo de Israel.

Posteriormente nuestro Señor Jesucristo amplió el alcance del pecado y lo llevó hasta la causa raíz. Ya no solo peca el que comete la falta externamente, sino también el que anida malas intenciones en el pensamiento y en el corazón.

En «El Sermón del Monte», Jesús nos muestra la verdadera dimensión del pecado y nos advierte sobre cosas que no estaban tipificadas en la Ley, pero sí en el actuar cotidiano.

No es solo un asunto de iglesia.

Condenas de Jesús

  • Adultera el que mira a una mujer para codiciarla.
  • Peca no solo el que mata, sino el que maldice, o insulta a otra persona.
  • Nos dice que el divorcio no se da por simple «incompatibilidad de caracteres», sino solo por inmoralidad sexual (fornicación).
  • Nos enseña que no solo está muy mal jurar, por cosas vanas, sino que nuestro «sí» sea «sí» y que nuestro «no» sea «no».
  • Condena la hipocresía en la limosna, la oración, el ayuno y al juzgar a los demás. Nos enseña que no debemos buscar la alabanza de las personas, sino la de Dios.
  • Condena la avaricia, y nos enseña que el verdadero valor no está en la venganza, sino en amar, incluso a nuestros enemigos.

Jesús nos está diciendo que necesitamos un cambio de paradigma, que debemos transformar nuestra forma de pensar.

Termina diciéndonos que quien lo escucha y lo sigue está construyendo sobre la roca; mientras que quien no lo sigue, está construyendo sobre la arena y cosechará sus consecuencias.

Finalmente Pablo nos dice que todo lo que no proviene de fe es pecado. Es decir, cuando obras en contra de tus convicciones (a veces por conveniencia, miedo, o por evitar consecuencias desagradables), estás pecando.

consecuencias espirituales

  • Separación de Dios: Romanos 3:23 nos dice que todos estamos destituidos de la gloria de Dios. Quien peca deliberadamente, está desprotegido de la cobertura divina.
  • Esclavitud espiritual: En Juan 8:34 y Romanos 6:16 vemos esta realidad reflejada en la vida diaria. Alguien cae en un vicio o adicción (drogas, alcohol, comida, pereza) y es muy difícil salir de allí. Cuando se rompen barreras morales, el camino queda libre para seguir transitando por él.
  • Muerte espiritual: Revelado en Romanos 6:23, el destino que se busca el pecador, es la muerte, el infierno, la separación definitiva de la presencia y bendición de Dios.

Conclusión.

El pecado es extremadamente perjudicial, no solo para la persona y la sociedad en la vida diaria, sino también por sus graves consecuencias espirituales. Definitivamente, no nos conviene pecar. Dios fue quien nos diseñó; Él sabe porqué manda lo que manda y, con plena certeza, es para nuestro propio bien.

En una próxima publicación abordaremos el tema de La naturaleza humana.

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